
Encerrado año tras año en aquel mísera ratonera mercantil serializada, sus arrugas iban creciendo a medida que las canas lo invadían inmesiricordemente. "Al menos no soy calvo" solía consolarse. Y tal vez fuera su cavello, y aquel traje de Armani que había encontrado en una tienducha de ocasión gracias a que el logo de marca había desaparecido milagrosamente, los únicos detalles que la fortuna había tenido con él.
Tampoco es que él se hubiera esforzado mucho. Como buen burócrata de una empresa comercial, lo suyo era tener todo bajo control, y que todos los innumerables burócratas y comerciales que tenía por encima de él, lo tuvieran a él bajo control. Por ello había sobrevivido tanto tiempo en aquel cargo inútil que llevaba 40 años detestando, porque era una persona y trabajador tan gris, tan claro y tan eficiente, que nunca a ningún superior había molestado.
Los recortes en su salario eran para él tan habituales, que ya lo consideraba norma. Suerte, que nunca tuvo estómago y que se podía alimentar de minerales y filtrar el aire que respiraba en forma de nutrientes. Una gárgola burócrata. Quizás por ello, tampoco es que se amargara demasiado. Siempre había tenido miedo a las alturas, y realmente, había mejorado, pues, a quien asusta ahora las gárgolas de una catedal?


















