
Hay una cosa que no pareces comprender. Que yo soy yo y que tú eres tú.
Somos distintos. Lo que es para ti, no tiene porque ser para mi y, o nos entendemos y ayudamos,en la medida que el que lo pida necesite, o nunca encontraremos la paz.
Y pedir ayuda no es exigir la sumisión del otro, sino pedir lo que el otro puede dar sin que por ello se atente contra su libertad.
Y si uno es un sádico y el otro un masoquista, el problema está en el interior de cada uno, y claro está que la solución no puede ser que uno dé y el otro reciba. Cada uno ha de apagar su incendio particularmente y encontrar otras fórmulas para satisfacer y curar su neurosis.
Lo que tampoco entiendes es, que el problema no soy yo y que, si no aprendemos a convivir en el respeto como iguales, nunca sabremos vivir sanos y normales fuera, dado que si en la intimidad y la cercanía, se cometen estas barbaries, ¿qué se espera que hagamos fuera, en la sociedad?
El amor no es dominación o sumisión, es apoyo y respeto. Es cultivar y crecer. Crear individuos fuertes, libres, autorrealizados. Y siempre en compañia
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